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Víspera de Navidad


Veinticuatro de Diciembre, esta noche es noche buena, no navidad como dicen casi todos, no confundan, hoy es noche buena.
Qué rápido ha pasado este año, ¿no?.
Espero que este día sea igual o por lo menos un poco parecido a los años anteriores, y no me refiero al del año pasado porque ese si fue, nada agradable.
Todos los años eran similares; llegaba el primero de diciembre y mi mamá ya estaba pidiendo que saquen las cajas con los adornos navideños del depósito(habitación donde se guardan las cosas que no usas frecuentemente). Una vez todo afuera, empezaba la decoración, siempre la misma, el árbol en una esquina junto a la chimenea, las botitas de adviento numeradas del uno al veinticuatro colgadas por la entrada, una guirnalda en todo el largo de la escalera, otra guirnalda en la entrada que hay de la sala al comedor, y así sucesivamente.

Los “decoradores” eran los que querían, a veces lo hacían las chicas que trabajaban en mi casa, raras veces mis hermanas, y otras, yo junto a mi amiga Miranda. El nacimiento lo armábamos un par de días después, eso lo hacía mi papá, mi hermana y su novio ó con alguna excepción como el año pasado, yo.
Ese mismo día buscaba mi revista Cable Mágico y con un lapicero encerraba las películas de navidad que iba a ver durante todo el mes de Diciembre, en realidad solo hasta el veinticinco porque después me daba pena recordar que ya pasó toda la celebración.
También me gustaba pensar bien qué cosas me gustaría que me regalen, especialmente mi papá. Podía ser un Play, un Nintendo, una Laptop, una cámara, un mp3, un mp4, un ipod, y varias regalos semejantes, ya que él siempre regalaba cosas "caras" o grandes. Ah bueno, también una cuatrimoto, pero eso nunca me lo quiso regalar cuando se lo pedí a los 11 años, a cambio me regaló una bicicleta.
Cualquier día yo también salía de compras y buscaba algo para mis hermanas y mis papas, claro está.
Los primeros regalos debajo del árbol, eran los míos, es decir, “De; Lucía. Para: alguien”, me gustaba que ya no se vea tan vacío el pobre arbolito. Todos los días bajaba a revisar si alguien más había puesto sus regalos, pero no, casi todos los ponían el mismo veinticuatro, que cosas ¿no? Siempre era lo mismo, pero aún así, me gustaba dar una chequeada, solo por si acaso.
El veintitrés mi papá exprimía un kilo de limones en un “balde” y ponía el pavo en él, le agregaba sal, pisco, unas cuantas cosas más, y lo dejaba macerándose ahí hasta el día siguiente.
Por fin llegaba el gran día (para mí y quizás para algunos más) y nuestra lista de comida para la cena de medianoche ya estaba más que clara; pavo, arroz (la mayor parte del tiempo arroz árabe), ensaladas, tamal, puré de manzana, panetón, chocolate caliente, Coca Cola y Champagne.
Mi padre salía en la mañana a comprar todo lo necesario y casi pasada la hora de almuerzo era cuando empezaba toda la faena. El se encargaba de preparar el pavo, la señora que trabajaba en mi casa lo ayudaba con el arroz y el puré de manzana, mi hermana hacía las ensaladas y yo el chocolate. En la noche mi mami se iba a la misa del gallo con mi hermana, la de las ensaladas, y en casa nos quedábamos mi papá, mi hermana mayor y yo. A ella le gustaba entrar a cada momento a la cocina para coger algo de comida, pero para esto mi papá la miraba y le decía –Ya viniste otra vez a comer, qué pesada! , deja! Aún no está listo.-. Y así mi hermana soltaba una pequeña carcajada y subía corriendo a su cuarto para seguir con sus cosas y planear su próximo ataque a la cocina de los Vásquez.
Terminaba la misa del gallo y mi mamá regresaba con una gran sonrisa en el rostro –Que bonitas canciones navideñas, el coro estuvo precioso!- exclamaba. Y es ahí cuando yo sacaba mi cd con villancicos y lo ponía en la radio de la sala para escuchar a todo volumen. Mi mamá feliz, mi papá seguía con su pavo y mis hermanas me miraban con cara de –pon otro tipo de música-. El ambiente era muy alegre, todos conversábamos y escuchábamos los fuegos artificiales. Hasta que Alejandra, mi hermana mayor, decía –Y los perros?-. Ella, mi otra hermana y yo salíamos al jardín para verlos y ninguno de los tres estaba (casi siempre hemos tenido tres). Todos se habían escondido en algún rincón de la casa, los buscábamos hasta saber dónde estaban y los dejábamos ahí ya que los pobres estaban asustados por todo el ruido.
Exactamente a las once de la noche, mi papá decía –Ya está listo el pavito, si quieren ya empezamos a comer-, Ale iba corriendo a la cocina, abría el horno, saboreaba el olor, y soltaba un –mmmmmm-. Yo miraba el pavo y decía -¿Se quemó?-, a lo que mi papá respondía – No!, está dorado-.
Faltando cinco minutos para las doce, sacaba mi cd de los niños cantores y ponía alguna estación de radio. Los cinco, sentados en la sala, esperábamos con mucha emoción el conteo mientras el locutor hablaba. Se escuchaban muchos fuegos artificiales, nosotros seguíamos esperando, el locutor no paraba de hablar, y cuando a alguien se le daba por ver su reloj, veía que ya eran las 00:01. Nos mirábamos las caras, sonreíamos y nos decíamos, Feliz Navidad. Después destapábamos al niño Jesús que estaba en el nacimiento y le dábamos un beso.
Luego, todos nos ubicábamos en diferentes sillones de la sala y abríamos nuestros regalos. Finalmente, pasábamos al comedor y disfrutábamos de la gran cena que gracias a Dios teníamos en frente.
Casi todas mis celebraciones pre-navideñas fueron así, el año pasado mi papi no estuvo, gracias a una persona que prefiero no mencionar, infeliz. Mi hermana mayor estaba trabajando y mi mamá prefirió quedarse en su habitación. Mi otra hermana, Natalia, y yo esperamos a que sean las doce, nos saludamos y saludamos a mi mamá. Después comimos y abrimos los regalos, a cada momento nos mirábamos las caras, eran caras tristes. Por un lado era bonito, ya que navidad es el nacimiento de Jesús y eso es lo que importa, y ya saben, eso. Pero por otro lado, algo que a mí también realmente me importa y mucho, es tener a mi familia cerca. A mi papá con el que casi siempre choco, a mi mamá con la que no suelo hablar mucho, a Alejandra que casi nunca la veo y a Natalia que es con la que “mejor” trato tengo, por decirlo así. Ya no somos tan unidos, es la verdad, pero en esta fecha, es cuando por lo menos todos estamos felices y aprovechamos para abrazarnos los unos a los otros.
Hoy será mejor que el año pasado, estoy segura. Y nadie podrá quitarme la alegría de esta gran noche en donde abrazaré a mis padres y a mis hermanas, y les diré cuanto los amo.




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